Cuando el sol se apaga

Amo cuando el sol se apaga y sientes más; sientes que fue un día largo, sientes ganas de descansar allí en tu rinconcito donde todo parece estar bien, acurrucarte dónde no hay frío que apague el calor de tus sueños, dónde las horas parecen ser minutos y los instantes parecen ser eternos.

Amo cuando el sol se apaga porque es el momento de que nuestras almas se enciendan, dejar la mente reposar tranquila y darle al corazón estraguitos de amor para calmar su ritmo.

Amo cuando el sol se apaga porque puedo sentirme identificada con la frialdad de la noche. La sangre tibia que corre en mis venas puede ser suficiente para mantener vivo el fuego de mis sueños y mis sueños son los suficientemente grandes para sobrevolar galaxias.

Amo cuando el sol se apaga porque simplemente puedo ser yo, sin explicaciones. Mi respiración se vuelve más larga, inhalando polvo cósmico de las estrellas y exhalando ideas más brillantes que la misma luna.

Pero sobre todo, amo cuando el sol se apaga porque es cuando más podemos conectar. Sentirte, sentirme y sobre todo amar(nos).

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